Vicariato de Aguarico acoge XXX asamblea diocesana de pastoral del Vicariato Apostólico San Miguel de Sucumbíos

Con la participación de más de 120 delegados/as de las distintas zonas, parroquias, movimientos y servicios pastorales, se inauguró la mañana del jueves 24 de Agosto la Trigésima Asamblea Diocesana Pastoral del Vicariato Apostólico San Miguel de Sucumbíos.

El evento se realiza hasta el sábado 26 de Agosto, en el Centro de Formación del Vicariato Apostolico de Aguarico, provincia de Orellana.

“Conocer y aprobar el Plan Quinquenal en las pastorales de Evangelización y Social, para en espíritu de comunión, sigamos construyendo una iglesia en salida” es el objetivo general de esta Asamblea Diocesana.

La Asamblea Diocesana es el organismo de máxima representación en la iglesia de San Miguel de Sucumbíos, y tiene la responsabilidad de conducir y acompañar en Plan Conjunto de pastoral, así como de expresar la unidad de la misma, impulsando la participación de nuestra iglesia.

Este es un proceso que se realiza cada año y hoy cumplimos 30 años de seguir juntos, demostrando que somos una iglesia con historia y en salida, que por más de tres décadas camina junto a su pueblo.

La Iglesia de Cuenca a través del P. Marcos Matamoros, acompaña y asesora el proceso. El espíritu del Plan Quinquenal del Vicariato es, “Amorosamente obligatorio”, dijo Matamoros, al indicar que no se trata de un plan de institución pública o empresa privada. El plan del Vicariato Apostólico San Miguel de Sucumbíos, “es la iluminación para construir el Reino de Dios”.

Cada línea de pastoral de evangelización, mediante la dinámica de la reja, presento su plan quinquenal. Los participantes de la asamblea anotaron las inquietudes y aportes que luego de un trabajo de grupos, fueron expuestos en plenaria.

La jornada termino con la celebración eucarística presidida por monseñor Celmo Lazzari, teniendo presente que el día de hoy se conmemoró 12 años de la inauguración del Centro de Espiritualidad Monte Carmelo, importante proyecto y realidad de nuestra Iglesia para alimentar nuestro seguimiento personal y comunitario de Jesús.

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